Todas las piezas de esta página las dibuja el mismo programa a partir de los datos del censo: forma, medidas, leche, días de maduración, tipo de corteza, marcas, pasta y ojos. No hay ningún dibujo hecho a mano. Si cambia un dato, cambia el dibujo. Las etiquetas con borde discontinuo marcan datos estimados (medidas calculadas a partir del peso).
Las cuatro enseñan el interior. La elegida es la axonometría con cuña: es la única que deja ver a la vez la cara de arriba (flor, grietas, ranuras), el lateral (pleita, venda, abombamiento) y la pasta (color, ojos, vetas). Con ella se reconoce el queso y se puede comparar con cualquier otro.
Las tortas comparten forma, leche y cuajo de cardo. Lo que las separa sale de los datos: el tamaño real, cuánto se hunde la tapa por la pasta fluida, la pleita o la venda en el canto, las grietas, el tono de la corteza según los días y el tipo de ojos.
La unidad no la da el color sino la geometría: misma proyección, misma cuña de 90°, misma luz desde arriba a la izquierda y el mismo orden de capas. El color de la corteza y de la pasta lo deciden el tipo de corteza, la leche y los días.
Queso de oveja prensado (tipo «Queso de Cáceres») a 30, 90, 180, 365 y 540 días. Con los días la corteza oscurece, la pasta pasa del marfil al pajizo y la corteza engorda. La sal, la grasa y el resto de datos de la ficha no cambian el dibujo.
Cinco tramos de maduración (0–30, 30–90, 90–180, 180–365 y más de 365 días). Entre tramo y tramo el color se interpola, así que un queso de 60 días y otro de 85 no salen iguales. La leche cruda calienta y oscurece la pasta un 3 %; la pasteurizada la aclara.